Andy se sacude la sensación

 

Ding dong, suena el timbre.

Abue-Litha abre la puerta y ahí están Sam, Dani y Andy.

—Hola, Litha, gracias por cuidar de los niños. Regreso como a las 6 por ellos —dice Sam.

—Con gusto, Sam. Seguro vamos a pasar un buen rato. Me acaban de traer bloques.

Dani escucha la palabra “bloques” y entra corriendo a jugar con ellos.

—Hola, Litha —dice Andy mientras abraza sus piernas—. ¿Te cuento lo que me pasó esta semana? Fuimos de excursión al bosque y fue hermoso y horrible…

—Cuéntamelo todo, Andy… —dice Litha mientras las dos van caminando hacia la sala con los bloques, donde Dani ya había empezado a construir.

—Me puse las botas rojas porque en el bosque hay charcos y no me gusta que se me mojen los pies. Pero las botas no son tan cómodas, así que tenía que caminar despacio y todos corrían. Pero está bien, porque ahí puedo quedarme viendo las flores y los árboles. Vi uno de esos hongos rojos que no tocamos porque nos pueden hacer daño, así que no lo toqué, solo lo vi de cerca sin tocar…

Litha iba siguiendo la conversación haciendo contacto visual con Andy y reflejando la emoción en su relato: la sorpresa y la felicidad de la experiencia.

Andy continúa sin parar:

—Había unos juegos de altura, pero no quise subirme porque me da miedo, así que me quedé abajo, y Ana Sue y Luis Prado tampoco subieron, y nos fuimos a la parte de los charcos. Y ahí fue donde vino lo horrible…

Hizo una pausa, dejó de construir con los bloques, apretó sus puños y los puso cerca de su cara.

Litha deja de construir también y gira su cuerpo hacia Andy.

—¿Qué pasó? —dice en tono dramático, poniendo toda su presencia amorosa en el momento.

—Había una bolsa de plástico en uno de los charcos y brinqué sobre ella.

Hace una pausa y su cara cambia. Litha refleja el mismo sentimiento en su cara y respira profundo, dando espacio a que Andy termine su historia.

—Había una rana y pude sentir cuando la pisé.

—Oh, Andy, ¿quieres llorar? ¿Quieres sacudirle la sensación? —pregunta Litha.

Andy empieza a zapatear con fuerza contra el suelo mientras frota sus manos contra su cabeza. Litha empieza a usar sus manos como si fueran una escoba, barriendo la sensación afuera de sus piernas y brazos, y Andy empieza a hacer lo mismo energéticamente.

En un momento, las dos están viéndose.

—Qué sensación tan espantosa, ¿cierto? —reconoce Litha.

—Sí… la rana estaba dentro de la bolsa, creo que se atoró y murió… Nunca voy a volver a brincar en cosas, por si hay algún animal muerto —dice Andy.

—Oh, mi amor, te gustaría cuidar de no tener de nuevo esa sensación inesperada, ¿cierto?

—Sí.

—Me pregunto si al decir “nunca voy a volver a brincar sobre cosas” podrías estar perdiendo la diversión de brincar en los charcos, o de brincar sobre rocas para pasar un río, o simplemente de explorar.

Andy se queda pensando, reconsiderándolo.

—¿Cómo te suena si, en lugar de decir “nunca voy a volver a brincar sobre cosas”, lo cambiamos por algo así como: “de ahora en adelante, si llego a tener una sensación inesperada, voy a sacudírmela y pisotear y moverme”, así como lo hicimos?

—Pero, ¿qué pasa si tú no estás ahí?

—Puede ser que yo no esté físicamente, pero siempre puedes recordar este momento, hacerlo tú o hacerlo con alguien más. Y también está la opción de llamarnos o incluso a veces llorar también sacude la sensación desde dentro ¿Cómo ves?

—Sí, podemos intentarlo “de ahora en adelante, si llego a tener una sensación inesperada, voy a sacudírmela, así como con Litha” —responde Andy sonriendo 

—Este es tu perfil 3 de probar, experimentar, intentar cosas, evitar cosas para siempre no funciona para tu felicidad. ¿Cómo te sientes ahora?

Andy se lanza a darle un abrazo a Litha, dejándose caer, y dice:

—Con cansancio… Creo que voy a acostarme en el sillón un rato.

Andy se acuesta en el sillón sonriendo, sabiendo que sin importar dónde esté, si hay una sensación inesperada —con la comida, con la ropa, con lo que pisa— puede hacer lo que hizo con Abue-Litha. Y solo el pensamiento de la compañía relaja su cuerpo y empieza a dormirse.

Pancy se acerca, ella también sabe de sensaciones inesperadas. Andy la acaricia, se acurrucan y se duermen mientras Litha y Dani siguen construyendo con los bloques hasta que Sam llega por ellos.

 

Re-escribir nuestras historias de la infancia genera en nosotros el espacio interno para sostener las situaciones actuales desde la empatía y el cuidado. Abue-Litha es la presencia amorosa en cuya compañía encontramos la complicidad para ser nuestra versión más auténtica

¿Te animas a reescribir tu historia desde la mirada y la presencia luminosa de Abue-Litha?