
Litha está tomando té, mirando por el ventanal que da hacia el bosque, cuando ve que la Abue-René viene caminando hacia su cabaña. Se siente curiosa porque normalmente se encuentran en los espacios de reflexión, en la sala común, o en las sesiones de sabiduría o en el consejo de la comunidad pero nunca había venido a su cabaña
Le abre la puerta y la saluda:
—Buenos días, René. Qué sorpresa verte. ¿Todo bien? —pregunta Litha.
—Hola, Litha. Vengo a ver si tienes tiempo para ayudarme a tener claridad sobre lo que está pasando en el comedor —dice René.
—Pasa —dice Litha.
René entra a la cabaña y Litha pone a calentar agua para hacer té, prende una vela, saca un par de tazas, leche, azúcar, miel y varios botes con mezclas de té. René se sienta en una de las sillas de la cocina y empieza a contar:
—Hace unos días fui al comedor y vi que hay horarios y opciones de comida distintos a los que hemos tenido siempre. Me sentí confundida, no recordaba que hubiéramos hecho un cambio así —dice René mientras elige un tipo de té—. Al preguntar, me dijeron que sí habíamos hecho ese cambio, que tú llevaste esa moción al consejo de comunidad y la acordamos. ¿Puedes recordarme cómo fue? —le pide a Litha mientras toma el bote con azúcar.
—Claro, René. Imagino que para ti fue muy confuso ver los cambios en el comedor y no recordar de dónde vinieron, ¿cierto? Te cuento para que puedas tener más claridad —le dice mientras pone miel en su taza de té—. Tiene un par de meses que hablamos sobre el cuidado y la consideración de cada persona. Se presentaron en la reunión de comunidad las distintas formas para procesar, ¿lo recuerdas? —hace una pausa Litha.
—Recuerdo el tema de las distintas formas para procesar y que tendríamos consideraciones, pero ¿qué tiene que ver con los horarios y las opciones de comida? —pregunta René.
Litha termina de dar un sorbo a su té y responde:
—Las consideraciones para procesar no solo es dar tiempo para procesar las situaciones y pensamientos; también incluye la forma en la que procesamos la comida —dice Litha mientras le pone un poco de leche a su té y continúa—. Crear el espacio y las condiciones para cuidar de la digestión es parte de ello. Algunos necesitan porciones pequeñas para comer mientras hacen una actividad, otros necesitan espacios de calma para sentarse con su comida caliente, otros comer en silencio, otros comer mientras comparten ideas…
—Ay, no, Litha, eso es muy complicado. Ya tenemos un plan de nutrición que aplica para todos: tres comidas al día y dos colaciones. Así fue la recomendación del nutriólogo, y cada comida está balanceada a lo que nos dijo. Si cambiamos a lo que estás proponiendo, nos estamos desviando de lo que sabemos que funciona para todos —dice René.
—Imagino que para ti es importante saber que todos estamos nutridos, ¿cierto? —pregunta Litha.
—Sí, y que sea simple para todos. Todos juntos en las tres comidas, en el mismo lugar, comiendo lo mismo, como se ha hecho siempre —asegura René.
—Escucho que la simplicidad también es importante para ti y… ¿mantener las cosas como estaban te da seguridad? —indaga Litha.
—No es seguridad, es certeza. Las comidas tres veces al día aplican para todos, el nutriólogo lo dijo, y ha funcionado así por más de 50 años —afirmó René.
—Mantener lo que funciona es importante, claro. Y al mismo tiempo, René, quiero regresar a la necesidad de nutrición que se presentó en la reunión de comunidad —dijo Litha mientras llevaba la taza a su corazón—. Algunos hemos presentado situaciones de malestar, que incluyen desnutrición, cambios de sueño, problemas con la memoria, y no solo adultos: también varios niños —suspira Litha con preocupación—. Por eso se me pidió llevar el tema a reunión de comunidad para encontrar estrategias que cuiden de todos —termina Litha.
—Las tres comidas cuidan de todos. Han funcionado para todos dentro de la comunidad hasta ahora —responde René poniendo su taza en la mesa—. Tal vez las personas que han presentado malestar puedan comer en sus casas y no en el comedor común. Así mantenemos las comidas tres veces al día con lo que el nutriólogo recomendó.
—Oh, René, ¿te gustaría mantener las comidas en el comedor como estaban? ¿Valorabas mucho el espacio donde hay una estructura que te da seguridad, y te gustaría preservar esto porque te da certeza y confianza en que todos vamos a estar bien? —refleja Litha con empatía.
—Sí, me gustaría mantener las cosas como están. Tengo miedo de que los cambios vayan a hacer que ya no funcionemos como comunidad —dice René suspirando—. ¿Qué esperanza podemos darle a otros si dejamos de funcionar como lo hemos hecho hasta ahora? —termina de decir René, ahora con preocupación.
—René, escucho que hay un gran miedo. Me llega al corazón un apretón, como un proceso de duelo en el que todavía se quiere negociar porque los cambios son tan grandes que tememos por la seguridad. ¿Es así? —pregunta Litha.
René corta abruptamente la conversación diciendo—Ya me quedó claro lo del comedor. Gracias por tu tiempo, Litha. Yo creo que necesitamos regresar a la versión de las tres comidas, y no sé cómo hacerlo ahora que ya se aprobó el cambio… Voy a pensarlo. Gracias por el té, ya me retiro —dijo René, parándose de la mesa.
En cuanto salió, Litha se recostó en el sillón con pesar en el corazón.
Estaba haciendo unas respiraciones profundas cuando Eture, el hada de las emociones, se posó junto a su mano.
—Hola, Eture. Sientes el revoltijo en mis emociones, ¿cierto? Por un lado siento pesar de que René esté viviendo un proceso de duelo tan profundo. Quisiera acompañarla y, al mismo tiempo, quiero respetar sus tiempos y espacios, porque esa es justo la consideración individual que estamos buscando con el cambio. Siento también frustración porque me gustaría poder compartir la visión de que evolucionar es parte de la vida. Noto también que hay un cansancio en mí: ver cosas que otros Abues no ven e intentar explicarlo es agotador —le dice Litha a Eture.
—Para ti la comunidad, la diversidad y la inclusión son tan importantes como la paz y la sostenibilidad, ¿cierto? —empatiza Eture.
—Así es. Creo que la capacidad para crear una comunidad diversa e incluyente viene de la mano con abrazar esas partes de nuestra historia que nos causan miedo —suspira Litha.
—El miedo a morir es la experiencia humana más dolorosa cuando se vive desde la soledad, ¿no? Tú lo sabes de primera mano, Litha.
—Sí, lo sé… —dice Litha mientras se abraza y acaricia sus brazos—. Por eso, con más razón, quisiera que René supiera que no está sola, que todos estamos unidos en esto… —dice Litha después de un par de respiros.
—Y como la Proyectora que eres, vas a esperar a que ella dé el primer paso, ¿cierto? —dice Eture con complicidad.
—Así es… como Proyectora sé que contribuyo cuando espero a que me inviten a dar mi opinión, justo como pasó en la reunión de comunidad —continúa Litha en tono de complicidad.
—Estás haciendo un excelente trabajo, Litha. Estamos muy orgullosos de ti. Vemos tu amor por la vida y tu conexión. Tu comunidad lo sabe también, por algo ERES una Abue —dice Eture frotando la mano de Litha.
Litha sonríe y se llena de gozo. Ahora se siente nuevamente conectada, recordando su misión, sus dones, y que no está sola. Hay tantos en la comunidad reconociendo la importancia de la evolución, la diversidad y la inclusión. Si no fuera así, estos cambios no se estarían dando. Confiar, conectar y soltar son las tres palabras que vienen a su mente.
“Tú haces lo tuyo, Litha. Lo demás está en manos del universo”
Cada experiencia personal es una expresión de la evolución divina del amor. Cada sentimiento y cada necesidad cubierta va construyendo nuestra experiencia humana. Todos estamos en esta experiencia juntos y vivirla acompañados nos nutre a todos. ¿Tienes algún duelo que quisieras vivir acompañado de la presencia amorosa de Abue-Litha?