Muchas personas Nuerodivergentes sentimos intranquilidad después de compartir historias personales porque nuestra necesidad de seguridad no siempre se ha visto cubierta al hacerlo. Compartirnos es un acto de amor y autenticidad y pedirle al el universo que cuide de ello, trae a nosotros el mismo amor que damos.
Litha está afuera de la escuela cuando ve salir a Sam.
—Hola, mi amor. Hoy vine yo por ti a la escuela. Tu hermano se cayó en clase de deportes y le van a sacar una radiografía. Me pidieron que viniera yo por ti. ¿Quieres que vayamos a tu casa a esperarles o quisieras venir conmigo a la comunidad?
—Como sea —dice Sam sin ánimo.
—Oh, Sam, noto desánimo. ¿Quisieras contarme?
—Ahora no —responde.
—Ok, entiendo. Vayamos a comer a mi casa entonces. ¿Está bien que te ayude a cargar tu mochila y tú llevas tu lonchera? —pregunta Litha.
Sam asiente y le entrega a Litha su mochila. Se toman de las manos y se ponen en camino.
—Sam, me gustaría tener consideración con lo que necesites en este momento para procesar lo que haya pasado. ¿Quisieras que te diera tiempo en silencio, o que yo te cuente algo, o quisieras ir escuchando música o cantando? —sondea Litha.
—Creo que quisiera ir en silencio —responde Sam.
—Con gusto, mi amor… aquí estoy contigo en silencio —termina Litha.
Llegan a casa de Litha y ella le sirvió comida caliente, que sabe que para Sam comer con tranquilidad es muy importante para procesar. Una vez que terminan de comer en silencio, Litha le ofrece ir a caminar en silencio al bosque.
—Creo que prefiero dormir un poco, Litha —dice Sam.
—Claro, Sam. Acomódate —le responde Litha.
Sam se recuesta en el sillón donde da un poco de sol y Pancy viene a acurrucarse junto a Sam.
Mientras descansan, Litha prepara panqués de manzana con canela, y la campanita del horno, cuando ha terminado el tiempo de horneado, despierta a Sam.
El olor es tan agradable que Sam tiene antojo de panqué. Litha les sirve un poco de leche caliente y, mientras chopean, un pedazo grande de panqué cae en la taza de Litha y la leche brinca por todos lados, incluso su cara. Empiezan a reír de lo inesperado y la risa lo cambió todo. Sam había cambiado de ánimo y ahora tenía capacidad interna para platicar.
—Ya quiero contarte lo que me pasó, Litha.
—Soy toda oídos, cariño —dice Litha.
—Hoy fue día de exposición y yo quise hablar de bulldogs porque tuve a Coco y amo a los perros y sé mucho sobre ellos y…
Sam le cuenta a detalle a Litha todo lo que había preparado y cada detalle de lo que había pasado en su exposición, y cómo tenía tanta emoción de que a todos les interesaba y se reían con sus chistes y querían saber más de las historias, como la vez que las babas de Coco que cayeron en el pastel…
Litha escucha atenta cada palabra sin interrumpir y en eso ella nota que el tono de la voz de Sam cambia cuando empezó a decir:
—Tenía tanta emoción que empecé a contar de la vez que fuimos a la montaña y Coco cayó en la zanja y corrió por toda la zanja hasta que encontró una forma de subir y vino corriendo a mí y nos abrazamos al encontrarnos…
Sam se quedó en silencio, haciendo una pausa, y luego dijo:
—No quería contar esa historia. No sé por qué la conté, pero esa historia era especial y no había pensado contarla así.
Litha intuye que esta es la situación que le afecta e interviene con empatía:
—Oh, cariño, ¿por la emoción del momento compartiste la historia sin el cuidado con el que la atesoras?
—Sí —dice Sam con certeza y fuerza.
—¿Te entristece el haber contado esa historia tan especial?
—Sí, es que esa historia era especial y ahora en cualquier momento alguien la va a contar sin cuidado, como yo lo hice, sin cuidado, sin darme cuenta.
—Oh, Sam, escucho que te hubiera gustado tener el cuidado para contar esa historia, ¿es así?
—Sí, quiero tener más cuidado, pero no sé cómo, si ni siquiera sé por qué la conté.
—Escucho que tenías tanta emoción de hablar de bulldogs y los otros estaban interesados, que por un momento perdiste el control para elegir lo que querías contar y lo que no.
—Sí, sí, lo conté sin pensar.
—Imagino que te gustaría poder tomar la decisión de cuándo cuentas algo y cuándo no, y al mismo tiempo yo sé que es muy humano estar tan tan tan feliz y con emoción que uno no puede controlar lo que dice… ¿Quieres que te cuente qué hago cuando eso me pasa?
—¿Eso también te pasa a ti, Litha? ¿Tú también cuentas cosas que no querías y sientes tristeza luego?
Litha sonríe y responde:
—Si, también me pasa que cuento cosas que no estaban planeadas y me pongo triste por un momento, luego recuerdo la magia del universo. ¿Te cuento lo que hago para activar esa magia? Si quieres, podemos hacerlo juntos.
Sam da un brinco sobre la silla, con los ojos llenos de curiosidad e ilusión.
Litha toma un par de papelitos y plumas y las pone sobre la mesa, luego dice:
—Primero prendo una vela y me siento con calma frente a ella. Pongo mis manos en mi corazón, respiro un par de veces en silencio para conectar con mi corazón y empiezo diciendo: «Gracias por la oportunidad de haberme sentido tan feliz, tan emocionada», porque eso es de alegrarse y agradecer, ¿cierto?
Sam asiente con la cabeza.
—Luego digo: «Reconozco que tanta emoción me descontroló. Soy un ser humano y no siempre puedo controlarlo todo. Así pasa a veces, pero el amor del universo siempre me cuida, y hoy quiero pedirle que cuide lo siguiente».
Ahora escribo en un papelito aquello que quiero cuidar, por ejemplo: «Pongo en este papel con cuidado y cariño la historia de la zanja para que si alguien la repite esté llena de luz y de amor como la atesoro en mi corazón».
—Tú también puedes tomar un papelito y poner lo que quieras en él, Sam —dice Litha.
—Creo que voy a escribir lo mismo, pero le voy a poner unos dibujos extras —comenta Sam.
—Ok, cuando esté listo me lo das para que yo le prenda fuego con cuidado, ¿va?
—¿Lo vamos a quemar? —pregunta Sam con sorpresa.
—Sí —responde Litha—. Es para que se transforme en ceniza y así podamos soplarlo para que el viento se lleve esa tarea.
La explicación le da claridad a Sam y le entrega el papelito. Litha lo pone sobre la llama de la vela y luego en un plato de mármol para que se termine de quemar.
Sam y Litha salen al jardín con las cenizas en los platos. Litha continúa:
—Ahora digo: «Querido Aire, por favor lleva este deseo de amor y conexión a cada lugar donde esta historia se cuente» —y sopla las cenizas.
Sam sigue a Litha diciendo:
—«Querido Aire, que cada vez que cuenten las historias de la zanja sea con amor y cuidado» —y sopla las cenizas.
Pasados unos minutos, Litha dice:
—¿Cómo te sientes ahora, Sam?
Sam suspira y sonríe.
Litha le abraza por un momento cuando en eso, suena el timbre.
Eran Dani y Gabi junto con el hermano de Sam, que traía la muñeca derecha enyesada y la pierna con una venda. Todos entran a comer panqué de manzana mientras cuentan la aventura de la muñeca rota y la presentación del tema de los bulldogs.
En medio de la historia, Sam hace una pausa y voltea a ver a Litha. En complicidad, Litha le sonríe y Sam cuenta de la magia que hizo con Litha para cuidar cuando hemos compartido de más. Le dice a su familia que ahora cada vez que le pase sabe que todo va a estar bien porque el amor del universo siempre le cuida. Todos sonríen y chopean panqué en leche caliente celebrando estar todos juntos después de un día con tantas emociones.
Compartir lo que nos mueve en un espacio seguro cambia la forma en la que lo vivimos, y la magia nos ayuda a reconectar con la confianza divina.
¿Tu qué haces para cuidar de tu corazón cuando pasan cosas que no son tan cuidadosas como quisieras?