Chantli: hogar para florecer

Chantli significa hogar en nahuatl; ese espacio seguro que es cuidado por los Chaneques. Esta es la historia de amor y cuidado recíproco que trajo a este bonsai hasta aquí.  

Una Chaneque caminaba por el bosque cuando encontró una semilla distinta a todas las demás. No la reconoció, pero sintió curiosidad. ¿Qué saldría de ella? La llevó consigo y la plantó junto a los ahuehuetes, en la orilla del lago.

Esperó a que germinara.

Pasaron las semanas. Nada.

Pensó que tal vez nunca había sido una semilla, sino una pequeña roca redonda. Dejó de prestarle atención y siguió cuidando el lago y los árboles que ya conocía.

Pasaron los meses.

Un día, asomaba una pequeña plántula. Era distinta a toda la flora del bosque. La Chaneque sintió gusto. Ahora pasaba más seguido a verla crecer, llena de preguntas: ¿cómo serían sus flores? ¿De qué color? ¿Tendría frutos?

Pero la planta crecía muy poco. Sus hojas eran más gruesas de lo normal y no parecía gustarle tanta agua. Sus ramas frágiles se rompían cuando los patos, las tortugas o las ranas entraban o salían del lago. La Chaneque decidió sacarla de la orilla. Tal vez necesitaba menos agua y más sol.

La llevó a su casa, dentro del bosque, y fue probando: distintas exposiciones al sol, distintas formas de riego, distinta nutrición, distinta ventilación. Por fin, la planta comenzó a crecer. Se expandió. Se volvió frondosa.

Los otros seres del bosque también la notaron. Con cariño y curiosidad, se acercaban a tocarla como tocaban al resto de los árboles. Pero esta plantita perdía hojas cuando la tocaban. Perdió una rama cuando una ardilla brincó desde un pino y cayó sobre ella.

Pronto se corrió la voz: esa planta es muy delicada. No deben tocarla. Ni siquiera acercarse.

La Chaneque notó que algo pasaba. Los seres del bosque miraban el árbol de reojo y murmuraban. Se acercó a preguntar.

—Es ese árbol raro que tienes —dijeron—. No se puede tocar porque se rompe. No se puede uno recargar porque se rompe. ¿Para qué está en el bosque? ¿Cuál es su función si tampoco ha floreado?

La Chaneque respondió:

—Es un árbol muy distinto, es cierto. Yo también tuve muchas dudas. Me tomó mucho tiempo aprender a cuidarlo para que creciera. Pero ese tiempo me hizo notar cosas que no hay en otros árboles: guarda mucha agua y ama el sol. Yo toco su tronco cada mañana con cuidado y le doy los buenos días. Está sembrada al sol directo porque eso le gusta. Me he encariñado de ella y no tengo todas las respuestas sobre su función en el bosque. Pero algo me queda claro: la naturaleza trajo esta semilla hasta aquí por una razón. Quiero cuidar de ella. Los invito a pasar en las mañanas a saludarla, tocando su tronco. Siempre está fresco. Sus hojas son muy suaves, solo hay que tocarlas con cuidado. Miren…

Los seres del bosque se acercaron con cuidado. Algunos la tocaron. Otros aún estaban escépticos. Pero comprendieron que la Chaneque tenía razón: la madre naturaleza es sabia, y todos tenemos un espacio en ella que nos sostiene y nos cuida.

Pasaron los años. El árbol crecía a su paso. A veces perdía ramas u hojas cuando alguien brincaba en ella porque olvidaban que no era un ahuehuete ni un pino.

Un año llegó una gran sequía. El nivel del lago bajó mucho. Los ahuehuetes estaban secos. Los animales del bosque estaban preocupados: sin flores, las abejas no podrían polinizar, y la vida del bosque entraba en peligro.

La Chaneque hizo un viaje para encontrarse con otros chaneques, de otros climas, y conversar sobre cómo cuidar la naturaleza en situaciones así. Estaba de regreso a casa tras semanas de ausencia cuando vio a todos los seres del bosque reunidos afuera de su casa. Apretó el paso.

Cuando llegó a la entrada, vio que todos pasaban uno a uno a tocar el tronco del árbol y le daban las gracias.

—Mientras estuviste de viaje —explicó una coneja—, el árbol distinto floreció por primera vez.

El calor y la sequía extrema habían hecho que floreara con todas sus fuerzas. Lo que nunca antes había floreado… eran muchas flores rosas, tan pequeñas, tan llenas de polen, que todas las abejas del bosque venían a buscarlo.

La Chaneque, conmovida, se acercó al árbol y le dijo:

—Hola, Chantli. Ya regresé. Gracias por ser el espacio seguro para todo el bosque en medio de esta crisis. Ahora entiendo que no floreabas porque las condiciones no eran las óptimas para ti. Ahora entiendo que guardabas agua para florecer en sequía. Cuidarte requirió estrategias distintas porque tú estabas hecho para condiciones distintas. Y ahora podemos verlo.

Se dio la vuelta hacia los demás.

—En mi viaje estuve en el desierto, en la selva y en la sabana. Cada espacio tiene flora y fauna distinta. La diversidad es enorme. Todos tenemos un lugar donde las condiciones son óptimas para nosotros. Ahora entiendo que la semilla de Chantli viene del desierto. Este no es el clima que le favorece. Al cuidarlo, adaptamos las condiciones para que pudiera vivir… pero estos cambios también dieron las condiciones para que floreciera.

Los animales del bosque escucharon durante horas todo lo que la Chaneque les contó de otros climas, del cambio climático y de lo que los humanos estaban haciendo en el mundo.

Cuando las lluvias regresaron y el nivel del lago volvió a la normalidad, los animales del bosque se reunieron para sacar a Chantli de la tierra. Lo pusieron en una maceta. Así podrían crear las condiciones de calor y sequía que Chantli necesitaba para prosperar.

Chantli floreció cada año y dio muchas semillas. Así nacieron más árboles de la abundancia en ese bosque.

Cuando las condiciones del mundo se volvieron más adversas, los seres del bosque le pidieron a la Chaneque que llevara a Chantli donde los humanos, para que les recordara que el cuidado y el amor crean los espacios seguros para que cada quien pueda florecer.

Si estás leyendo esto desde el código que acompaña a Chantli, puedes hacer un gesto de cariño como tocar suavemente su tronco o decirle ‘gracias por ser hogar’. Todo acto de amor hace eco en el universo.

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